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domingo, mayo 29, 2022
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¿Va la tensión entre Rusia y Ucrania camino de convertirse en un conflicto armado?

Durante las últimas semanas, la tensión se ha disparado debido al despliegue masivo de tropas rusas en torno a la frontera con Ucrania. El desafío del presidente Vladimir Putin ha hecho saltar las alarmas de Occidente, donde todavía se duda si lo orquestado desde el Kremlin es simplemente una forma de presión o si hay intenciones reales de invadir total o parcialmente Ucrania.

La tensión entre Rusia y Ucrania parece ir en aumento desde hace ya varias semanas. Moscú tiene desplegadas decenas de miles de tropas en la frontera con su país vecino y numeroso material bélico que podría hacer pensar sobre una posible invasión a Ucrania. Pero el mundo sigue sin tener claro si este espectacular despliegue militar tiene el objetivo de disuadir a Occidente para lograr una serie de objetivos con respecto a Ucrania o si, efectivamente, desde el Kremlin se plantean una posible invasión.

El despliegue militar ruso responde a varios factores abiertamente denunciados desde el Kremlin. El primero de ellos es un histórico, desde Rusia siempre se ha considerado que Ucrania forma parte de un mismo pueblo con ellos. Y que, por tanto, cualquier acercamiento de Kiev a la esfera Occidental es algo que se acerca a lo “antinatural”. De hecho, la historia de las dos naciones ha estado íntimamente ligada desde tiempos medievales hasta la revolución de Euromaidán de 2014, que depuso al gobierno prorruso de Víktor Yanukóvich.

El segundo, y más importante, es el sentimiento de amenaza que percibe Moscú ante la posible entrada de Ucrania a la OTAN. Un “peligro” grande que para esta nación traspasa una de sus líneas rojas, ya que podría hacer que los misiles de la coalición militar euroatlántica estén a tan solo unos minutos de vuelo de la capital rusa.

Desde la disolución de la Unión Soviética y la caída del bloque oriental, Rusia ha visto cómo una serie de países que antes estaban dentro de su esfera de control han pasado a engrosar las filas de la OTAN, como Polonia, los estados bálticos o Rumania, y no estaría dispuesta a que esto se replicara en Ucrania, Belarús o Georgia.

¿Pero son estos motivos suficientes para desencadenar un conflicto armado contra Ucrania que eleve las tensiones con Occidente hasta un nivel no visto desde la Guerra Fría? La respuesta es compleja y ni siquiera los expertos consultados por France 24 han logrado tener una voz unánime sobre el tema.

Una operación costosa pero factible para Rusia

Nicolás De Pedro, jefe de investigación del think tank británico Institute for Statecraft considera que “aunque todo se pueda quedar en una simple disuasión, el numeroso despliegue realizado por el Kremlin hace pensar que, si quieren, tienen el despliegue para dar un golpe muy devastador a Ucrania”. El investigador asegura que el Kremlin es “conocedor de su superioridad militar significativa con respecto a Ucrania”.

Para De Pedro la distribución de las tropas en torno a la frontera y los materiales bélicos de los que disponen las tropas rusas “indica esto”, ya que “necesitan un despliegue muy visible para doblegar cualquier intención que tenga tanto Estados Unidos, como sus aliados europeos”.

Una postura que, sin embargo, no comparte el analista especializado en el espacio postsoviético del medio de comunicación El Orden Mundial, Oleg Lukin, quien compara la situación actual con la vivida durante los primeros meses de 2021 que se rebajó con la reunión mantenida entre Joe Biden y Vladimir Putin y después de que la OTAN ignorara en su reunión tratar el tema de Ucrania. Lukin señala que lo que interesa desde el Kremlin es “la política de tensión permanente, sin llegar a entrar en un conflicto armado”.

El analista sostiene su tesis en torno a los elevados costes que tendría para Moscú un conflicto abierto en Ucrania. Y aunque reconoce la significativa ventaja militar de Rusia frente a Ucrania, asegura que los costos de una campaña de tal envergadura serían especialmente elevados y “no interesan” al Ejecutivo de Putin en estos momentos. Una agresión de Rusia a Ucrania viola la legislación internacional y supondría un órdago de sanciones económicas y vetos comerciales que podrían afectar a Rusia, que actualmente ya no está viviendo su mejor momento económico.

Esta política de “tensión permanente” podría beneficiar a Putin y su Ejecutivo para sentarse a negociar con Occidente. Aunque Lukin reconoce que “algunas de las exigencias son inviables para Estados Unidos y la OTAN, son un comienzo para empezar a negociar con el objetivo de ceder en algunos aspectos posteriormente”. Las condiciones rusas pasan por reducir el número de miembros de la OTAN al de 1997, algo que desde la organización no están dispuestos a cumplir bajo el pretexto de que “la adhesión es voluntaria para todos los países”.

Pero De Pedro no considera que para Moscú sea “suficiente” aplicar una tensión permanente. El analista del Institute for Statecraft reconoce que Rusia es consciente de “las sanciones a las que se podría enfrentar”, pero también sabe que “ni Estados Unidos ni la OTAN, ni por supuesto la Unión Europea se verán involucrados en un conflicto armado en Ucrania”.

Para entender un poco de la Realpolitik rusa se puede tomar en consideración una serie de intervenciones que el Kremlin ya ha realizado a lo largo de lo que lleva el siglo XXI. El caso más significativo y comparable al de Ucrania podría ser el de Georgia en 2008. Esta nación caucásica, que históricamente ha estado en la órbita de Rusia y de la Unión Soviética, decidió atacar a las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, con una mayoría de población étnicamente rusa y favorable al Kremlin. La respuesta de Rusia fue contundente y tras 12 días de conflicto se consiguió doblegar a Georgia, que perdió el control sobre estas zonas.

La situación podría compararse a la del Donbass. Hay que tener en cuenta que Ucrania ya libra una guerra desde el 2014 en esta región oriental del país contra grupos militares prorrusos que quieren la independencia de una Ucrania más acercada a Europa y que han establecido dos repúblicas no reconocidas por la comunidad internacional: la de Donetsk y la de Luhansk. Un ataque reforzado de Ucrania contra los separatistas del este podría dar el pretexto perfecto para el inicio de las hostilidades rusas.

En lo que los dos analistas coinciden que esconden las intenciones rusas es intentar que el Estado ucraniano sea fallido de una u otra forma, ya que una Ucrania próspera y fuerte sería contraproducente para Moscú si no está dentro de su órbita de influencia. De Pedro señala especialmente este aspecto, considera que “la posibilidad de volver a influir en la política exterior de Ucrania es uno de los principales alicientes para motivar el conflicto”.

Que Kiev abandonara la órbita rusa fue uno de los mayores golpes de la era Putin y la excusa perfecta para que Rusia decidiera anexionarse la región de Crimea tras un referendo considerado como fraudulento por la comunidad internacional. Es precisamente en este punto en el que Lukin se apoya para asegurar que la tensión no llegará a ser una guerra abierta, ya que considera “que se ha anunciado demasiado en los medios. Cuando Rusia invadió Crimea lo hizo de forma sorpresiva sin que prácticamente nadie lo esperara, cuando alguien alardea tanto del músculo militar es porque quiere simplemente disuadir”. Aunque el analista no descarta que esta disuasión pueda “salirle mal a Rusia y se vea involucrada en un conflicto”.

En caso de invasión, ¿qué escenarios se contemplan?

El think tank estadounidense Center for Strategic and International Studies contempla seis posibles escenarios en los que un posible conflicto entre Rusia y Ucrania podría desembocar. En un artículo publicado por su vicepresidente se apunta a un estatus quo de la situación, el refuerzo con tropas rusas de la región del Donbass, la invasión de todo el este del Ucrania hasta el río Dniéper, la invasión de todo el sur de Ucrania para dejar a la nación sin salida al mar, el cerco de Kiev con el desplazamiento de tropas desde el norte e incluso Belarús o la toma total del país.

Para Nicolás De Pedro, que se efectué una u otra opción dependerá de varios factores, como “la resistencia que se encuentren por parte del ejército y de la población ucraniana”, aunque desde luego ve mucho más factible la invasión de los territorios costeros que del interior. “La situación de la ciudad de Mariupol, por ejemplo, no es nada buena. Es sabido que Rusia quiere cerrar el acceso de Ucrania al mar de Azov y esto podría ser una operación que permita unir a su territorio con Crimea y no ser demasiado costosa militarmente”.

El investigador señala que a partir de ahí “dependerá de una serie de factores menos previsibles que Rusia pueda continuar”, aunque ve complicada una incursión hacia el interior ucraniano y el oeste de la nación, que tiene un fuerte carácter nacionalista antirruso.

Las tesis en Occidente con respecto a lo que podría pasar en la frontera ruso-ucraniana son diversas. Pero está claro que la tensión tendrá una salida compleja por varios motivos. El primero es que Rusia está convencida de no ceder en este aspecto y por ello está exhibiendo todo el poder militar, el segundo es que Ucrania también está dispuesta a defenderse con todo a pesar de su notable inferioridad militar y el tercero, y quizá más importante, es hasta qué punto está dispuesto Occidente a sentarse a negociar con Rusia o, de lo contrario, verse parcial o totalmente involucrado en un conflicto armado.

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